Hace tiempo que siento cierta curiosidad por el mundo de los fanzines. Siempre me ha fascinado cómo la gente, sobre todo cuando no había tantos medios ni tantas facilidades como ahora, era capaz de crear de forma completamente artesanal una suerte de pequeña revista temática. Me gustaban los fanzines sobre grupos, y también los dedicados a tendencias musicales. He de reconocer, además, que me quedé con las ganas de participar en alguno de ellos, no solo como redactora sino también como artífice. Me parecía todo un mundo: buscar colaboradores, adaptar textos, encajar fotos, hacer la composición, las fotocopias, la encuadernación manual…

Para quienes no sepáis de qué estoy hablando, un fanzine es una revista temática casera hecha por y para aficionados a ese tema cultural en concreto, ya sea un estilo musical, un género literario, un grupo de música ,un juego, una saga, etc. Su nombre viene del inglés, cómo no, y es la abreviación de fanatic magazine. Tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando circularon panfletos que difundían principalmente ideas políticas, luego fueron evolucionando y tuvieron un auge en Estados Unidos en los años 50-60 , ya que se convirtió en uno de los principales medios de expresión de la cultura. Es lo que sucedió en España a finales de la década de los setenta, cuando comenzaron a circular, y vivieron su esplendor en los ochenta y a principios de los noventa. Podéis encontrar más información sobre las características básicas de un fanzine, su historia y otras curiosidades en páginas como la wikipedia. También en diversos blogs que analizan ese fenómeno.

Fanzines, por De KoS

Foto: De KoS – Trabajo propio, Dominio público, Enlace

Volviendo a mi curiosidad por esas publicaciones, con el tiempo fui relegándolos un poco al olvido, sobre todo por el avance de las tecnologías y, por desgracia, la paulatina desaparición de fanzines que me gustaban. Había llegado a pensar, de hecho, que era algo que ya nadie se planteaba ni realizaba. Estaba muy equivocada.

He vuelto a ver de un tiempo a esta parte fanzines en algunas librerías. Las técnicas de impresión y montaje son más modernas en la mayoría pero conservan esa esencia artesanal y, sobre todo, independiente. Claro está que hay algunas excepciones: también se ven publicaciones mucho más elaboradas tanto en la impresión como en la encuadernación, lo que se nota en el precio de adquisición y en que obviamente hay una buena inversión de dinero detrás. Sin embargo, por lo general quien realiza un fanzine, al menos si conserva el encanto original, no espera sacar mucho beneficio económico con él.

Desde que realicé en mayo un taller de autoedición artesanal en el que vimos por encima la creación de un fanzine, y sobre todo al buscar documentación para una de las historias que tengo entre manos y en la que hablo de la contracultura en los años ochenta en España, he vuelto a sentir curiosidad y admiración por esas publicaciones.

Autoedición artesanal

Imagen del taller de autoedición artesanal en Literanta

Parece que con el fenómeno de la autoedición en general como alternativa al sector editorial más tradicional, y también que el hazlo tú mismo vuelve a estar de moda en ciertos sectores, hay un nuevo resurgir de los fanzines y, así, estos vuelven a tener una época de esplendor. Y es que la idea de poder publicar algo sin necesidad de depender de nadie ni de ninguna empresa, ya sea medio de comunicación o editorial, es decir: la libertad de expresión y de reivindicación que nos ofrece un fanzine, y dado que ahora tenemos más medios no solo para realizarlo sino también para distribuirlo y promocionarlo, ha provocado que nuevas generaciones vean en él una buena vía de expresión individual o colectiva.

A colación de este tema, a mediados del mes de junio asistí a una charla del fotógrafo Miguel Trillo acerca de la reedición de los fanzines que él mismo había realizado en los años ochenta bajo el título de Rockocó. Me sorprendió descubrir que en su día los hizo de forma anónima, porque no le interesaba que se supiera que él estaba detrás, entiendo que no quería esa notoriedad. Hojeé los fanzines reeditados y me fascinó que todo aquello estuviera hecho de forma manual, con tan pocos medios, en una época de efervescencia cultural y de liberación, con el auge además de las tribus urbanas. Sentí una pizca de tristeza por no haber podido ser partícipe de aquello, dado que era muy pequeña cuando hubo toda aquella movida.

 

Hoy en día aún me planteo la posibilidad de realizar, yo sola o con ayuda de alguien, algún fanzine, aunque sea de tirada única, es decir: un solo ejemplar. Puede ser una buena forma no solo de aprender o de comunicarme, también de autoedición o, por qué no, de promoción.

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Nací en Madrid a mediados de los años 70 y desde muy pequeña mostré mi afición a la escritura a través de cuentos y novelas cortas. Licenciada en periodismo, pero me defino a mí misma como "comunicadora digital". En 2013 publiqué mi primera novela: "Fotografiar la lluvia" (Algón Editores), y en 2014 recopilé diversos relatos propios en la antología "Lo que encontré en un cajón", disponible en Amazon. "Neurogénesis" es mi segunda novela (ed. Algón Editores, 2015)

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7 Pensamientos en “Sobre los fanzines, cultura independiente

  1. Estefanía says:

    A mí también me gustaban los fanzines, y eso que vivía en una pequeña ciudad en la que no había tantos lugares para conseguirlos como en las grandes.
    Me ha gustado mucho la entrada y gracias por devolverme a aquellos años 🙂

  2. Marce Luna says:

    Yo tuve la suerte de colaborar en el SD Mesxes con los amigos de toda la vida. La tirada no era muy grande, 100 ejemplares, y eso que nos pegábamos unas matadas increíbles, pero valía la pena. Ese murió, pero aun se siguen haciendo sobre retroinformática.
    Gran acierto realizar este post!

    • Lluvia Beltrán says:

      Vaya, me alegra leer que se sigan haciendo fanzines sobre retroinformática. Debió de ser muy chulo participar en el de SD Mesxes a pesar de la matada. Qué suerte haber podido participar 😉 ¡Ánimo con ese post pendiente! Besos

  3. David Orell says:

    ¡Hola!
    Yo tuve la oportunidad de participar en uno del instituto para hablar de una novelilla que publiqué durante esa época. ¡Ojalá tuviera ese fanzine! Molaba millones 😀

    ¡Besazo!

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