¿Quién soy yo para dedicarle una entrada en mi blog a Paloma Chamorro, si cuando se emitía aquel mítico programa La edad de oro yo era una mocosa de unos siete años que aún no era consciente de lo que estaba sucediendo a su alrededor? ¿Quién soy yo si he descubierto bastante más tanto de la periodista como de aquel programa a raíz de documentarme para mi manuscrito? ¿Quién soy yo, que apenas me dio tiempo a vivir y disfrutar de aquellos años de la Movida con lucidez?

Pues bien, a pesar de mi corta edad en aquel periodo, entre 1983 y 1985, he querido dedicarle este post a la Chamorro, a esa mujer a la que tantas veces he visto en la tele con los pelos cardados (y fritos, como dice César Estabiel), micrófono en mano, hablando acerca de nuevas tendencias (nuevas en los años ochenta, y muy vanguardistas), dando cancha a los protagonistas de aquel movimiento. Apostando, al fin y al cabo, por la cultura, y no solo a través de La edad de oro sino también con todos aquellos programas que presentó, como Cultura 2, Trazos o La Estación de Perpiñán.

Mi error fue hacer una cosa que no se podía hacer. Y lo estoy pagando todavía

Eso decía Paloma Chamorro en el libro de José Luis Gallero Solo se vive una vez: esplendor y ruina de la movida madrileña. Y eso me hace pensar en lo que vivimos después, en los que fuimos adolescentes en los años noventa: la televisión que veíamos o la música que escuchábamos. Sin duda, nada tan arriesgado ni tan vanguardista, porque en televisión no se ha vuelto a hacer un programa como aquel.

Paloma Chamorro. Foto: Quim Llenas

Creo que los adolescentes noventeros no fuimos conscientes de quién era Paloma Chamorro, los moldes que había roto, lo mucho que había apostado, y cómo se la había condenado al ostracismo de la forma más ruin. Nosotros crecimos con esos locutores de Los 40 principales, con quienes empezaban a alcanzar la fama en las nuevas cadenas privadas, con presentadores muy diferentes a la Chamorro en la televisión pública, y, cómo no, con la influencia, directa o indirecta, de la Ruta del Bakalao, del grunge y de lo indie, por citar algunos ejemplos.

Y en ninguna de las cadenas, nadie tan osado, ni con tanto carácter, ni comparable a ella.

Pues bien, aun así, a pesar de haber sido una mocosa en la primera mitad de los ochenta, a pesar de no haber conocido la importancia de tal figura ni de haberme sentido tan fascinada por ella hasta que he empezado a documentarme sobre aquella década, esta es mi entrada homenaje, o más que homenaje: despedida. Con un hasta siempre y un gracias. Como se suele decir: no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Y estos días, desde que nos dejó la Chamorro el domingo 29 de enero, no he leído más que artículos llenos de admiración y palabras bonitas, todos recalcando lo que supuso, el hito que marcó, con mucho respeto, con mucha veneración. Pero… ¿quién hablaba de ella hasta ese día 29?, ¿quién la recordaba?, ¿quién mostraba esos pelos cardados además de los realizadores de Cachitos de hierro y cromo o de los especiales de TVE?

Hace ya algunas décadas que la televisión pública supo aprovechar el gran talento de personas pro-activas como Paloma Chamorro. Después fue desplazada, condenada al ostracismo y a padecer un dolor de cabeza permanente, como ella mismo declaró la última vez que la vi

Eso afirma Ana Curra (exintegrante de Pegamoides, Parálisis permanente o Seres vacíos) en su fanpage. Y da que pensar…

Para terminar mi post, os dejo algo que compartió el fotógrafo Miguel Trillo en su muro de Facebook, y que me encantó:

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Nací en Madrid a mediados de los años 70 y desde muy pequeña mostré mi afición a la escritura a través de cuentos y novelas cortas. Licenciada en periodismo, pero me defino a mí misma como “comunicadora digital”. En 2013 publiqué mi primera novela: “Fotografiar la lluvia” (Algón Editores), y en 2014 recopilé diversos relatos propios en la antología “Lo que encontré en un cajón”, disponible en Amazon. “Neurogénesis” es mi segunda novela (ed. Algón Editores, 2015)

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